EL AUDITOR EN TIEMPOS DE PANDEMIA
- Rolando Iberico Chavez

- 14 oct 2020
- 2 min de lectura
Actualizado: 25 oct 2020

El cuidado de la salud es un factor clave en estos tiempos. Con el lema “yo me quedo en casa” buscamos superar la pandemia de la COVID-19 que ha obligado a gran parte del mundo a permanecer en cuarentena y a distanciarse socialmente. Esto ha generado el surgimiento de muchas nuevas situaciones que antes no se tenían en cuenta. Esto puede ser estresante para el entorno social de los auditores. Muchas veces su profesionalismo y su formalidad quedan comprometidos por la actual situación, lo que resulta incómodo para los clientes. Para muchos auditores, estar encerrados socialmente durante un largo período de tiempo se ha convertido en un nuevo desafío. Por ello, para estos nuevos tiempos siempre se debe tener presente la Norma Internacional de Auditoría n° 200. “Objetivos generales del auditor independiente y conducción de una auditoría (…)”. Esta exige que los profesionales de la auditoria obtengan una seguridad razonable sobre si los estados financieros como un todo están libres de representación errónea de importancia relativa, ya sea por fraude o error. Aquello implica una evaluación preliminar de los riesgos relevantes incluyendo el control interno de la entidad.
La pandemia de la COVID-19 con la velocidad de expansión ha generado riesgos de fraude o corrupción a un nivel sin precedentes. Muchas organizaciones han visto mermadas sus evaluaciones de riesgos y seguirá así mientras dure esta emergencia sanitaria. Cada día se es testigo de nuevas probabilidades, todas inciertas.
Por tanto hay que considerar la Norma Internacional de Auditoría n° 240. “Responsabilidad del auditor en relación con el fraude (…)”. Entiéndase como actos de corrupción. Este es un grave problema en nuestras organizaciones, incluido en el Estado. Con la presión creada por la actual situación se van creando las condiciones propias del triángulo del fraude,

En este sentido el auditor deberá cumplir con los requisitos éticos relevantes, incluyendo los referidas a la independencia, para afrontar estos nuevos retos en estas circunstancias. Las partes interesadas deberán revisar más el futuro que el pasado. Es oportuno y necesario que los auditores se enfoquen hacia adelante, concentrándose en los riesgos del mañana (2021 para adelante) si queremos proteger el valor de los clientes.
Así, los auditores estamos llamados a posicionarnos como un socio de la organización, no como un profesional que intenta superar la crisis.



Comentarios